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Frases de Jean-Paul Sartre

Frases de Jean-Paul Sartre

Fue un filósofo, escritor, novelista, dramaturgo, activista político, biógrafo y crítico literario francés, exponente del existencialismo y del marxismo humanista.

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Solo el hombre que no rema tiene tiempo para mover el bote.



No juzgamos a las personas que amamos



Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad



No hagamos lo que deseamos; en lugar de ello, seamos responsables de lo que somos.



No perdamos nada de nuestro tiempo; quizá los hubo más bellos, pero este es el nuestro



Respeto las órdenes, pero también me respeto a mí mismo, y no obedeceré ninguna regla hecha especialmente para humillarme



Cada hombre debe inventar su camino.



No sabemos lo que queremos y aun así somos responsables de lo que somos, eso es un hecho



Si no estás muerto todavía, perdona. El rencor es denso, es mundano; déjalo en la tierra: muere liviano.



El compromiso es un acto, no una palabra.



La vida deja de tener sentido en el momento en que pierdes la ilusión de ser eterno.



La vida comienza al otro lado de la desesperación.



El hombre no es más que lo que él hace de sí mismo.



Quien es auténtico, asume la responsabilidad por ser lo que es y se reconoce libre de ser lo que es.



Los hombres que creen que todo está escrito evitan ser responsables.



Felicidad no es hacer lo que uno quiere, sino querer lo que uno hace.



Hay dos clases de pobres: los que son pobres juntos y los que lo son solos. Los primeros son los verdaderos, los otros son ricos que no han tenido suerte.



Los pobres no saben que su función en la vida es ejercitar nuestra generosidad.



Cuando los ricos declaran la guerra, son los pobres quienes mueren.



Una vez que has oído los detalles de la victoria, es difícil distinguirla de la derrota.



Lo más aburrido del mal es que uno se acostumbra.



Trata de amar al prójimo. Ya me dirás el resultado.



Si te sientes solo cuando estás solo, estás en mala compañía.



A las tres siempre es demasiado tarde o demasiado pronto para cualquier cosa que desees hacer.



Siempre nos queda solo un día, el cual siempre comienza de nuevo: es dado a nosotros por el amanecer, y nos es arrebatado al atardecer.



Incluso el pasado puede modificarse.



Buenas digestiones, la monotonía gris de la vida provincial y el aburrimiento — ah el aburrimiento que destruye el alma— de largos días de contenido moderado.



Tú sabes que ponerse a querer a alguien es una hazaña. Se necesita una energía, una generosidad, una ceguera. Hasta hay un momento, un principio mismo, en que es preciso saltar un precipicio; si uno reflexiona, no lo hace.