“¿Qué tiene que ver el amor con esa religión? ¿Y qué es un hombre sin ella?¿Qué es un hogar sin esa luz y sin ese calor? ¡Cielosanto! ¡Yo me imagino una familia que jamás invoca el nombre de Dios! ¡Qué cárcel! ¡Qué lobreguez! Aquellos dolores sin consuelo; aquellas contrariedades sin la resignación cristiana; aquellos hijos creciendo sin mirar jamás hacia arriba; aquellos niños sin el culto a la Virgen; aquellos labios de rosa, mudos para la oración al Angel de la Guarda, ¿en qué se emplean?.. Y mañana, esos niños crecen, y como en su corazón no había semilla alguna, nada fructifica en ellos, y vienen las pasiones y las luchas, y la razón sola no alcanza a sobreponerse a los conflictos. Después llega el desaliento y el temor a los respetos humanos, que cada uno entiende a su manera, y, por último, la desesperación.”