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Frases de Miguel Hernández

Frases de Miguel Hernández

Fue un poeta y dramaturgo de especial relevancia en la literatura española del siglo XX.

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Entre las flores te fuiste. Entre las flores me quedo.



Esta ciudad no se aplaca con fuego, este laurel con rencor no se tala. Este rosal sin ventura, este espliego júbilo exhala.



El mar también elige puertos donde reír como los marineros. El mar de los que son. El mar también elige puertos donde morir. Como los marineros. El mar de los que fueron.



Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido.



Una gota de pura valentia, vale más que un oceano de cobardes.



Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento.



Desperté de ser niño. Nunca despiertes. Triste llevo la boca. Ríete siempre. Siempre en la cuna, defendiendo la risa pluma por pluma.



Tristes guerras si no es amor la empresa. Tristes. Tristes. Tristes armas si no son las palabras. Tristes. Tristes. Tristes hombres si no mueren de amores. Tristes. Tristes.



No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida.



¡Qué sencilla es la muerte: qué sencilla, pero qué injustamente arrebatada! No sabe andar despacio, y acuchilla cuando menos se espera su turbia cuchillada.



El mundo es como aparece ante mis cinco sentidos, y ante los tuyos que son las orillas de los míos.



Aquí estoy para vivir mientras el alma me suene, y aquí estoy para morir, cuando la hora me llegue, en los veneros del pueblo desde ahora y desde siempre.



Sangre que no se desborda, juventud que no se atreve, ni es sangre, ni es juventud, ni relucen, ni florecen.



No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada.



Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento.



Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré.



Aunque el otoño de la historia cubra vuestras tumbas con el aparente polvo del olvido, jamás renunciaremos ni al más viejo de nuestros sueños.



Cada día lo desea más mi sangre y se me agranda de amor y se me desbanda, y no llego a comprender por qué no lo he de querer si el corazón me lo manda.



Ayer amaneció el pueblo desnudo y sin qué ponerse, hambriento y sin qué comer, el día de hoy amanece justamente aborrascado y sangriento justamente.



Hambrientamente lucho yo, con todas mis brechas, cicatrices y heridas, señales y recuerdos del hambre, contra tantas barrigas satisfechas: cerdos con un origen peor que el de los cerdos.



Se pondrá el tiempo amarillo sobre mi fotografía.



En este campo estuvo el mar. Alguna vez volverá. Si alguna vez una gota roza este campo, este campo siente el recuerdo del mar. Alguna vez volverá.



Encarnación, yo digo en mi corazón, si soy tonto que lo sea. No me importa: no me muero por ser tonto, tonto estoy, y sí sé que tonto soy, sé que hasta tonto te quiero.



No te asomes a la ventana, que no hay nada en esta casa. Asómate a mi alma.



A mí me ha de enamorar,de una manera acendrada, mujer que no luzca nada sino este particular: como la tierra ha de ser de sencilla y amorosa, que así será más esposa y así será más mujer.



Rueda que irás muy lejos, vuela que irás muy alto. Torre del día eres, del tiempo y del espacio.



No vale entristecerse. La sombra que te lo ha dado. La sombra que se lo lleve.



Boca que arrastra mi boca. Boca que me has arrastrado: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: pájaro lleno de pájaros.



No me llaga ningún mal ni ninguna cuerda rota: lo que tu atención hoy nota fue siempre en mí natural.



Adiós, hermanos, camaradas y amigos. Despedidme del sol y de los trigos.



Cuerpos que nacen vencidos, vencidos y grises mueren: vienen con la edad de un siglo, y son viejos cuando vienen.



No hay quien sitie la vida, no hay quien cerque la sangre cuando empuña sus alas y las clava en el aire.



Muchos tragos es la vida y un solo trago es la muerte.



La fábrica se halla guardada por las flores, los niños, los cristales, en dirección al día. Dentro de ella son leves trabajos y sudores, porque la libertad puso allí la alegría.



Coloco relicarios de mi especie a tu talón mordiente, a tu pisada, y siempre a tu pisada me adelanto para que tu impasible pie desprecie todo el amor que hacia tu pie levanto.



Las armas que más brillan en mis manos y con ellas tengo que transformar la vida.



Cantando espero a la muerte, que hay ruiseñores que cantan encima de los fusiles y en medio de las batallas.



En vuestra mano está la libertad del ala, la libertad del mundo, soldados voladores: y arrancaréis del cielo la codiciosa y mala hierba de otros motores.



Sangre remota. Remoto cuerpo, dentro de todo: dentro, muy dentro de mis pasiones, de mis deseos.



El hambre es el primero de los conocimientos: tener hambre es la cosa primera que se aprende.



Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera.



El vuelo significa la alegría más alta, la agilidad más viva, la juventud más firme.



¿Quieres bajo la tierra? Bajo la tierra quiero porque hacia donde corras quiere correr mi cuerpo. Ardo desde allí abajo y alumbro tus recuerdos.



Ríete tanto que mi alma al oírte bata el espacio.



No te hieran por la espalda, vive cara a cara y muere con el pecho ante las balas, ancho como las paredes.



Pero el silencio puede más que tanto instrumento.



Pintada, no vacía: pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias.



Toro en la primavera más toro que otras veces, en España más toro, toro, que en otras partes. Más cálido que nunca, más volcánico, toro, que irradias, que iluminas al fuego, yérguete.



Aquí tengo una voz enardecida, aquí tengo un vida combatida y airada, aquí tengo un rumor, aquí tengo una vida.



¿Quién llenará este vacío de cielo desalentado que deja tu cuerpo al mío?



Hoy el amor es muerte, y el hombre acecha al hombre.



Entro despacio, se me cae la frente despacio, el corazón se me desgarra despacio, y despaciosa y negramente vuelvo a llorar al pie de una guitarra.



Basta mirar: se cubre de verdad la mirada.



Basta escuchar: retumba la sangre en las orejas.



De cada aliento sale la ardiente bocanada de tantos corazones unidos por parejas.



La mujer sin el hombre apagada va. Apagado va el hombre sin luz de mujer.



Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio, por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos.



España, piedra estoica que se abrió en dos pedazos de dolor y de piedra profunda para darme: no me separarán de tus altas entrañas, madre.



Un carnívoro cuchillo de ala dulce y homicida sostiene un vuelo y un brillo alrededor de mi vida.



Sigue, pues, sigue cuchillo, volando, hiriendo.



El número de sangres que el mundo iluminó en dos halló el principio: tú y yo.



El odio se amortigua detrás de la ventana. Será la garra suave.



Sólo te nutre tu vívida esencia. Duermes al borde del hoyo y la espada.



Eres mi casa, Madrid: mi existencia, ¡Qué atravesada!



Dime desde allá abajo la palabra te quiero. ¿Hablas bajo la tierra? Hablo con el silencio.



Dejadme la esperanza.



En la pasión del vuelo truena la luz, y exalta alas con que batirme.