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Frases de Juan Pablo II

Frases de Juan Pablo II

Fue el papa 264 de la Iglesia católica y soberano de la Ciudad del Vaticano.

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La libertad no consiste en hacer lo que nos gusta, sino en tener el derecho a hacer lo que debemos



La paz es un don de Dios y, al mismo tiempo, una tarea de todos



La justicia social no puede ser alcanzada por la violencia. La violencia mata lo que se propone crear.



El respeto a la vida es fundamento de cualquier otro derecho, incluidos los de la libertad.



Las obras de arte hablan de sus autores, introducen en el conocimiento de su intimidad y revelan la original contribución que ofrecen a la historia de la cultura.



El compromiso es la respuesta valiente de quienes no quieren malgastar su vida, sino que desean ser protagonistas de la historia personal y social.



Los animales necesitan nuestra ayuda, San Francisco se interesaba por los animales desvalidos y por los pobres.



La espiral de la violencia sólo la frena el milagro del perdón.



La paz exige cuatro condiciones esenciales: Verdad, justicia, amor y libertad.



El futuro comienza hoy, no mañana.



Mantener una familia feliz requiere mucho tanto de los padres como de los hijos. Cada miembro de la familia tiene que convertirse, de una manera especial, en siervo de los demás.



Cómo va la familia, así va la nación, así va el mundo en el que todos vivimos.



En la medida en que va la familia, así va la nación y así va todo el mundo en el que vivimos.



La familia es base de la sociedad y el lugar donde las personas aprenden por vez primera los valores que les guían durante toda su vida.



La violencia jamás resuelve los conflictos, ni siquiera disminuye sus consecuencias dramáticas.



La guerra es una derrota para la humanidad.



La guerra es siempre una derrota de la humanidad.



Que nadie se haga ilusiones de que la simple ausencia de guerra, aun siendo tan deseada, sea sinónimo de una paz verdadera. No hay verdadera paz sino viene acompañada de equidad , verdad, justicia, y solidaridad.



A partir de ahora es sólo a través de una elección consciente y por medio de una política deliberada que la humanidad pueda sobrevivir.



El diálogo, basado en sólidas leyes morales, facilita la solución de los conflictos y favorece el respeto de la vida, de toda vida humana. Por ello, el recurso a las armas para dirimir las controversias representa siempre una derrota de la razón y de la humanidad.



El indigno sucesor de Pedro, que quiere beneficiarse de la riqueza inconmensurable de Cristo siente la gran necesidad de su ayuda, sus oraciones, su sacrificio, y humildemente le pide esto de vuestras manos.



Cuando el cristianismo se convierte en instrumento del nacionalismo, queda herido en su corazón y se convierte en estéril.



La democracia necesita de la virtud, si no quiere ir contra todo lo que pretende defender y estimular.



La vocación del cristiano es la santidad, en todo momento de la vida. En la primavera de la juventud, en la plenitud del verano de la edad madura, y después también en el otoño y en el invierno de la vejez, y por último, en la hora de la muerte.



El verdadero conocimiento y la auténtica libertad se hallan en Jesús. Dejad que Jesús forme parte siempre de vuestra hambre de verdad y justicia, y de vuestro compromiso por el bienestar de vuestros semejantes.



Solamente la libertad que se somete a la Verdad conduce a la persona humana a su verdadero bien. El bien de la persona consiste en estar en la Verdad y en realizar la Verdad.



Cuando la libertad no tiene un propósito, cuando no quiere saber nada sobre el imperio de la ley grabada en los corazones de los hombres y las mujeres, cuando no se escucha la voz de la conciencia, se vuelve contra la humanidad y de la sociedad.