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Frases de Joaquín Sabina

Frases de Joaquín Sabina

Es un cantautor, poeta y pintor español.

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Si vas a llorar por alguien, hazlo hoy hasta no poder más... pero mañana sonríe



Los hombres engañan más que las mujeres; las mujeres, mejor.



Yo sin ninguna escoba que vender, tú con mil y una noches que olvidar; a mí no me quería una mujer, a ti se te moría una ciudad.



Ahora es demasiado tarde, princesa. Búscate otro perro que te ladre, princesa.



Lo nuestro duró lo que duran dos peces de hielo.



No hay nostalgia peor que añorar algo que nunca jamás sucedió.



Porque el amor cuando no muere, mata. Porque amores que matan nunca mueren.



Cuando la ciudad pinte sus labios de neón, subirás a mi caballo de cartón... me podrán robar tus días, tus noches no.



Este adiós no maquilla un hasta luego, este nunca no esconde un ojalá, esta ceniza no juega con fuego, este ciego no mira para atrás.



No te pases un pelo de listo, no inviertas en cristos, no te hagas el tonto.



Cuando al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos.



Siempre tuvo la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta.



¿Dónde está la canción que me hiciste cuando eras poeta? Terminaba tan triste que nunca la pude empezar.



Y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido.



Pero esta noche estrena libertad un preso.



Lo peor del amor es cuando pasa... bueno de los años es que curan heridas, lo malo de los besos es que crean adicción.



Había futuro en las pupilas hambrientas de los hombres maduros.



Cuélgate de quien te quiera, no te mueras más que por amor...



Y yo que había jurado morir sin descendencia, como murió mi padre.



Aunque siga muriéndome por ti, me iré con la primera que me quiera...



De ti depende y de mí que entre los dos siga siendo ayer noche, hoy por la mañana.



Ambiguas horas que mezclan al borracho y al madrugador.



Un beso es solo un asalto y la cama es un ring de boxeo.



Hay mujeres que arrastran maletas cargadas de lluvia.



Y la sangre al galope por mis venas y una nube de arena dentro del corazón, y esta racha de amor sin apetito...



Ahora que sin saber, hemos sabido, querernos, como es debido, sin querernos, todavía.



Allá donde se cruzan los caminos, donde el mar no se puede concebir, donde regresa siempre el fugitivo, pongamos que hablo de Madrid.



Antes de que me quieras como se quiere a un gato me largo con cualquiera que se parezca a ti.



No me gusta invertir en quimeras, me han traído hasta aquí tus caderas y no tu corazón.



Qué poco rato dura la vida eterna por el túnel de tus piernas.



Lo atroz es no querer saber quién eres, agua pasada, tierra quemada.



Derrochando la bolsa y la vida la fui poco a poco dando por perdida.



A menudo, los labios más urgentes, no tienen prisa dos besos después.



Me duermo en los entierros de mi generación.



El traje de madera que estrenaré no está siquiera plantado, que el cura que ha de darme la extremaunción no es siquiera monaguillo.



Puedo ponerme cursi y decir: que tus labios me saben igual, que los labios que beso en mis sueños...



Damas de noche, que en el asiento de atrás de un coche no preguntaban si las querías.



No soy yo, ni tú, ni nadie son los dedos miserables que le dan cuerda a mi reloj.



Le di mis noches y mi pan, mi angustia, mi risa, a cambio de sus besos y su prisa.



Peor para el sol, que se mete a las siete en la cuna del mar a roncar, mientras un servidor, le levanta la falda a la luna.



Se anuncia entre los dos tiempo inestable, asoman a tus ojos las tormentas.



El agua apaga el fuego y al ardor los años.



No te pierdas si te grito piérdete.



¿Y qué decir del crítico que, indignado, me acusa de jugar demasiado a la ruleta rusa?



¿Por qué invertir en latas de sopa boba? Es como barnizar el propio ataúd.



La buena reputación es conveniente dejarla caer a los pies de la cama, hoy tienes una ocasión de demostrar que eres una mujer además de una dama.



A quién puede importarle después de muerto que uno tenga sus vicios.



Dónde crees que vas, qué te parece que soy, no mires atrás, que ya no estoy.



La noche que perdiste el miedo al miedo fue tan corta que dura todavía.



Que los sueños sean mentiras de verdad.



Esta forma tan cobarde de no decirnos que no, este contigo, este sin ti tan amargo.



Busco acaso un encuentro que me ilumine el día y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.



La llamaré mañana hoy se me hizo tarde, esta forma tan cobarde de no decirnos que no.



Hay mujeres que ni cuando mienten dicen la verdad.



Será mejor que aprendas a vivir sobre la línea divisoria que va del tedio a la pasión.



No soy adicto a los divos de la ópera; cultivan el músculo de las cuerdas vocales y me parecen más deportistas que artistas.



Más raro fue aquel verano, que no paró de nevar...



Nunca tuve más religión que un cuerpo de mujer.



Qué difícil intentar salir ilesos de esta magia en la que nos hayamos presos.



Mi plan es envejecer sin dignidad.



Cuando soy bueno soy bueno, cuando soy malo soy mejor.



El amor es una epidemia que se acaba con el tiempo.



Era un individuo de esos se se callan por no hacer ruido, perdedor asiduo de tantas batallas que gana el olvido.



Amor se llama el juego en el que un par de ciegos juegan a hacerse daño.



Los besos que perdí, por no saber decir: “te necesito”.



Cuando la muerte venga a visitarme que me lleven al sur donde nací. Aquí no queda sitio para nadie.



Todo lo que tengo que es nada se lo di.



Cuando de ella y de mi queden solo estos versos.



Ya no cierro los bares, ni hago tantos excesos, Cada vez son más tristes, las canciones de amor.



Tú que eras un maestro en el difícil arte de no mojarte bajo un chaparrón.



Mañana es víspera del día después, pasado flores en el velorio.



Cantar es disparar contra el olvido, vivir sin ti es dormir en la estación.



Sabes mejor que yo que hasta los huesos solo calan los besos que no has dado, los labios del pecado...



Puedo ponerme digno y decir: Toma mi dirección, cuando te hartes de amores baratos de un rato... me llamas.



Prefiero la guerra contigo, al invierno sin ti.



En la fatua Nueva York, da más sombra que los limoneros la estatua de la libertad.



Recuperar de nuevo los nombres de las cosas, llamarle pan al pan, vino llamarle al vino, al sobaco... sobaco, miserable al destino. Y al que mata llamarle, de una vez asesino.



No le cierres la ventana a la aurora que rompe el cristal que el ahora es el principio del final.



No pido perdón, ¿para qué? Si me va a perdonar, porque ya no le importa.



Este pez ya no muere por tu boca, este loco se va con otra loca, estos ojos no lloran más por ti.



Se arroparon con la sensatez del desvarío tuyo y mio.



Cambio mis arrugas por tu acné.



Y el sol es una lágrima en un ojo que no sabe llorar.



En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.



Hasta las suelas de mis zapatos te echan de menos.



Por decir lo que pienso, sin pensar lo que digo, más de un beso me dieron y más de un bofetón.



Ya no sueña aquel niño que soñó que escribía, corazón de María no me dejes así.



Que no te den la razón los espejos.



Que las verdades no tengan complejos.



La monarquía es un déficit democrático que sufrimos por herencia.



Yo canto mis soledades porque me sobran.



Siempre que me confieso me doy la absolución.



Era tan pobre que no tenía más que dinero.



La muerte es solo la suerte con una letra cambiada.



¿Qué maldición separa a los amantes que no se han olvidado?



En asuntos de amor siempre pierde el mejor.



Cuando duermo sin ti, sueño contigo.



Qué pequeña es la luz de los faros de quien sueña con la libertad.



Las musas no aceptan excusas.



A los quince, los cuerdos de atar me cortaron las alas.



Los vicios del sexo no son vicios.



Tu vudú ya pincha en hueso.