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François de La Rochefoucauld: El Genio de la Introspección Moral

François de La Rochefoucauld: El Genio de la Introspección Moral

Fue un escritor, aristócrata, militar y filósofo francés, conocido, sobre todo, por sus Máximas.

Biografía: François de La Rochefoucauld (1613-1680) fue un escritor y moralista francés de la nobleza. Tras participar en la Fronda contra el poder real, se retiró de la vida política y se dedicó a la reflexión filosófica en los salones literarios de París, donde desarrolló su obra más famosa: 'Máximas'.

Estilo Literario: Aforístico y conciso, caracterizado por la precisión lingüística, el escepticismo filosófico y un análisis penetrante de la psicología humana. Su estilo es directo, irónico y desprovisto de ornamentación, centrado en revelar las motivaciones ocultas detrás de las acciones aparentemente virtuosas.

Tono / Sentimiento: Analítico y ligeramente pesimista, con un tono de desencanto elegante que revela una visión crítica pero no cínica de la condición humana.

Contexto Histórico: Vivió durante el siglo XVII en Francia, un periodo marcado por el absolutismo monárquico de Luis XIV, las guerras de religión y la consolidación del clasicismo francés. Su experiencia en la Fronda (1648-1653), un conflicto aristocrático contra la monarquía, influyó profundamente en su visión pesimista del poder y la naturaleza humana.

Datos Curiosos:

  • Era conocido como 'el príncipe de Marcillac' antes de heredar el título ducal.
  • Su rostro quedó desfigurado por un disparo durante la Fronda, lo que reforzó su retiro de la vida pública.
  • Mantuvo una larga amistad con Madame de La Fayette, quien posiblemente colaboró en algunas de sus máximas.
  • Sus reflexiones se popularizaron en los salones literarios, espacios clave para la difusión de ideas en la época.

Obras Clave: Máximas (Reflexiones o sentencias y máximas morales), Memorias

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“Casi todo el mundo paga gustoso los favores pequeños; muchos agradecen los medianos; pero es raro que no se corresponda a los grandes favores con la ingratitud.”
“Olvidamos nuestras faltas con mucha facilidad cuando sólo las conocemos nosotros.”
“La marca más cierta de haber nacido con grandes cualidades es haber nacido sin envidia.”
“La fama de los grandes hombres debía juzgarse siempre por los medios que usaban para obtenerla.”
“Para hacerse una posición en el mundo, es preciso hacer todo lo posible para hacer creer que ya se tiene.”
“Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que al final nos disfrazamos para nosotros mismos.”
“Es más fácil conocer al hombre en general que a un hombre en particular.”
“Si en los hombres no aparece el lado ridículo, es que no lo hemos buscado bien.”
“Hablamos muy poco, excepto cuando la vanidad nos hace hablar.”
“No solemos considerar como personas de buen sentido sino a los que participan de nuestras opiniones.”
“Todos tenemos la fortaleza suficiente para soportar las desgracias ajenas.”
“Es mayor la pereza de nuestro espíritu que la de nuestro cuerpo.”
“Cuando somos incapaces de encontrar tranquilidad en nosotros mismos, de nada sirve buscarla en otra parte.”
“El nombre y la pretensión de la virtud son tan útiles para el interés propio como lo son los vicios reales.”
“La palabra “virtud” es tan útil para el interés propio como los vicios.”
“Las virtudes y los vicios se ponen en movimiento por interés.”
“No despreciamos a todos los que tienen vicios, pero despreciamos a los que no tienen virtud.”
“Cuando nuestros vicios nos dejan, nos gusta imaginar que somos nosotros los que los dejamos.”
“No se desprecia a todos los que tienen vicios, pero sí a los que no tienen ninguna virtud.”
“Nuestra sabiduría no se encuentra menos a merced del azar que nuestra propiedad.”
“Uno es nunca la suerte o desgracia de que uno se imagina.”
“La ausencia disminuye las pasiones mediocres e incrementa las grandes, así como el viento extingue las velas y aviva los fuegos.”
“Nunca escuchamos cuando tenemos ganas de hablar.”
“Nada impide tanto el ser natural como el afán de parecerlo.”
“Nada se da tan generosamente como los consejos.”
“Se dan consejos, pero no el juicio para sacar provecho de ellos.”
“Los espíritus mediocres condenan generalmente todo aquello que no está a su alcance.”
“Todos consideran su deber como un amo severo, cuyo yugo quisieran sacudir.”
“Sólo los grandes hombres pueden tener grandes defectos.”
“Todo el mundo se queja de su memoria, pero nadie de su inteligencia.”
“La inteligencia no podría representar mucho tiempo el papel del corazón.”
“Tanto me apasiono por la razón, que yo mismo me vuelvo poco razonable.”
“Prometemos según nuestras esperanzas y cumplimos según nuestros temores.”
“Es más fácil ser sabio para los demás que para uno mismo.”
“Al envejecer se tiene más prudencia y se hacen más locuras.”
“Cada edad de la vida es nueva para nosotros; no importa cuántos años tengamos, aún nos aqueja la inexperiencia.”
“Los defectos del espíritu, como los del rostro, aumentan al envejecer.”
“La pequeñez de la mente es la causa de la terquedad, y no damos crédito fácilmente a lo que está más allá de nuestra vista.”
“No basta con tener grandes cualidades; hay que saber emplearlas.”
“Tenemos más fuerza que voluntad, y a menudo para disculparnos a nosotros mismos suponemos que las cosas son imposibles.”