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Frases de Baruch Spinoza

Frases de Baruch Spinoza

Fue un filósofo neerlandés de origen sefardí hispano-portugués, heredero crítico del cartesianismo.

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  • El deseo es la verdadera esencia del hombre



  • La actividad más alta que un ser humano puede conseguir es aprender para entender, porque entender es ser libre.



  • La voluntad y el intelecto son uno y el mismo.



  • La felicidad es una virtud, no una recompensa.



  • El orgullo es el placer que surge del pensamiento demasiado elevado de un hombre hacia sí mismo.



  • He realizado un esfuerzo incesante por no ridiculizar, lamentar, ni despreciar las acciones humanas, si no por comprenderlas.



  • Es tan imposible que el vulgo se libere de la superstición como del miedo.



  • La libertad es absolutamente necesaria para el progreso en la ciencia y en las artes liberales.



  • No me arrepiento de nada. El que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable.



  • Sólo es libre aquel que vive con sinceridad bajo la sola guía de la razón.



  • Si no quieres repetir el pasado, estúdialo.



  • Cuando un hombre es presa de sus emociones, no es su propio maestro.



  • Autocomplacencia es el placer acompañado de la idea de sí mismo como causa.



  • La paz no es la ausencia de guerra, sino una virtud basada en la fuerza de carácter.



  • Si los hombres nacían libres, ellos, con tal de que se mantuvieron libres, formar ninguna concepción del bien y del mal.



  • Cuanto más claramente te entiendes a ti mismo y a tus emociones, más te vuelves un amante de lo que eres.



  • La generosidad es el deseo de quien quiere, siguiendo el dictamen de su razón, ayudar a los demás.



  • Lo que sea que haya, está en Dios, y sin Dios nada puede haber o ser concebido.



  • Dar apoyo a cada pobre hombre está más allá del alcance y el poder de cada hombre. El cuidado de los pobres incumbe a la sociedad en su conjunto.



  • La actividad más elevada que puede alcanzar un ser humano es aprender a comprender porque comprender es ser libre.



  • En la mente no hay absoluto o libre albedrío; pero la mente está determinada a desear esto o aquello por una causa, que también ha sido determinada por otra causa, y esta última por otra causa, y así hasta el infinito.



  • ...los hebreos creían que el corazón era la sede del alma y del entendimiento,...



  • Que un entendimiento finito no puede comprender lo infinito.



  • Que un entendimiento finito no puede entender nada por sí mismo, a menos que sea determinado por algo exterior.



  • Y de todas las ideas, que cada uno tiene, hacemos un todo o, lo que es lo mismo, un ente de razón, al que llamamos entendimiento.



  • Cuantas más causas simultáneamente concurrentes suscitan un afecto, tanto mayor es éste.



  • Además, cuando nosotros concluimos que Dios no ha podido dejar de hacer aquello que ha hecho, lo deducimos de su perfección, porque en Dios sería una imperfección el poder omitir lo que hace.



  • Aún más, en la cosa creada es una perfección que ella exista y que sea causada por Dios, ya que la mayor de todas las imperfecciones es el no existir.



  • El mismo Salomón, en cuya época los asuntos judíos estaban en su máximo esplendor, alberga la sospecha de que todo sucede por casualidad...



  • Dios no tiene derecha ni izquierda, ni se mueve ni está parado, ni se halla en un lugar, sino que es absolutamente infinito y contiene en sí todas las perfecciones.



  • Sólo es libre aquello que existe por las necesidades de su propia naturaleza y cuyos actos se originan exclusivamente dentro de sí.



  • La experiencia nos ha demostrado que a la persona no le resulta nada más difícil de dominar que su lengua.



  • Son realmente Anticristos aquellos que persiguen a los hombres de bien y amantes de la justicia, simplemente por que disienten de ellos y no defienden los mismos dogmas de fe que ellos.



  • Quinto Curcio ha señalado con acierto, no hay medio más eficaz para gobernar a la masa que la superstición.



  • La causa que hace surgir, que conserva y que fomenta la superstición es, pues, el miedo.



  • Si los hombres pudieran conducir todos sus asuntos según un criterio firme, o si la fortuna les fuera siempre favorable, nunca serían víctimas de la superstición.



  • Lo que ningún monarca ha podido conseguir ni por la espada ni por el fuego, lo han logrado hacer los eclesisiásticos con sólo la pluma.



  • Dado, pues, que la ley no es nada más que la forma de vida que los hombres se imponen a sí mismos o a otros por algún fin, parece que hay que distinguir ley humana y ley divina.



  • Esclavo es quien está obligado a obedecer las órdenes del señor, que sólo buscan la utilidad del que manda.



  • Ninguna sociedad puede subsistir sin autoridad, sin fuerza y, por tanto, sin leyes que moderen y controlen el ansia de placer y los impulsos desenfrenados.