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Frases de Consumismo

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  • La sociedad quiere que consumamos, no que seamos felices.



  • Yo no terminaré comprando un montón de cosas, porque me parecen ridículas.



  • El comunismo no funciona porque a la gente le encanta poseer porquerías.



  • Si no hay consumo en un país, no hay clase media y no hay estabilidad.


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  • Hemos desviado nuestro consumo hacia una mala alimentación y no es un accidente.



  • La cultura de la modernidad líquida ya no tiene un populacho que ilustrar y ennoblecer, sino clientes que seducir.



  • La función del Estado es establecer normas para un consumo sano, opuestas al consumo patológico e indiferente.



  • Comprar es mucho más americano que pensar, y yo soy el colmo de lo americano.



  • Mientras todo el resto del mundo desee tener más, se formarán clases, habrá guerra de clases, habrá una guerra internacional



  • Estoy convencido de que a esta sociedad consumista, cegada por el mercado le sucederá otra que se caracterizará por el hecho trascendente de que no dejará de lado la justicia social y la solidaridad.



  • Estamos modelados para ser cazadores y estamos en una sociedad consumista. No hay nada más que matar, no hay nada que pelear, nada que vencer, nada que explorar. En ésta castración social, todos los hombres ya están fabricados.



  • Los niños pobres son los que más sufren la contradicción entre una cultura que manda a consumir y una realidad que lo prohíbe.



  • Aunque parezca un contrasentido, el ocio es hoy un tiempo ligado íntimamente a la producción. Es el momento del gasto. Se trabaja con intensidad para acumulardinero que luego será gastado durante las vacaciones, la segunda residencia de recreo, las diversiones, el entretenimiento, etcétera.



  • A la sociedad cada vez le conviene menos que el hombre sueñe, porque se distrae en sus vuelos y no presta atención a las ofertas de consumo que se le presentan y un hombre que no consume para la sociedad no existe.



  • En la voracidad insaciable de poder, consumismo y falsa eterna juventud, los extremos débiles son descartados como material desechable de una sociedad que se torna hipócrita, entretenida en saciar su vivir como se quiere (como si eso fuera posible), con el único criterio de los caprichos adolescentes no resueltos.



  • Mi abuelo, que era frugal hasta el límite, siempre decía: cuidado con los gastos, que te acostumbras.



  • La gente que se aferra a la ropa, las computadoras y los celulares de ayer podría ser catastrófica para una economía cuyo propósito principal, así como el sine qua non de su supervivencia, es el desecho cada vez más rápido de los bienes adquiridos: una economía cuya columna vertebral es el vertedero de basura.



  • Paradójicamente, lo que mantiene en marcha la llamada «sociedad de consumo» es el hecho de que intentar encontrarte a ti mismo a través de las cosas no funciona. La satisfacción del ego dura poco, y tú sigues buscando más, comprando, consumiendo.


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  • La pasiónmoderna a favor de un incesante e impaciente comprar y vender va acompañada de una desigualdad extrema de hombres demasiado ricos y demasiado pobres.



  • El reino de la hipocresía que se extiende entre las creencias populares y las realidades de la vida de los consumidores es condición necesaria para el buen funcionamiento de la sociedad de consumidores.



  • Cambiar una muñeca Barbie por otra “nueva y mejorada” conduce a una vida en la que los vínculos y las asociaciones entre las personas cobran la forma de un esquema de compraventa, y se viven como tal.



  • Nos hallamos en una situación en la que, de modo constante, se nos incentiva y predispone a actuar de manera egocéntrica y materialista.



  • Hoy la cultura no consiste en prohibiciones sino en ofertas, no consiste en normas sino en propuestas. Tal como señaló antes Bourdieu, la cultura hoy se ocupa de ofrecer tentaciones y establecer atracciones, con seducción y señuelos en lugar de reglamentos, con relaciones públicas en lugar de supervisión policial: produciendo, sembrando y plantando nuevos deseos y necesidades en lugar de imponer el deber.



  • Además de tratarse de una economía del exceso y los desechos, el consumismo es también, y justamente por esa razón, una economía del engaño. Apuesta a la irracionalidad de los consumidores, y no a sus decisiones bien informadas tomadas en frío; apuesta a despertar la emoción consumista, y no a cultivar la razón.



  • El consumismo tiene una fuerte raíz en la publicidad masiva y en la oferta bombardeante que nos crea falsas necesidades.



  • La extensión del crédito fácil, propiciada por la cultura de la tarjeta bancaria, actuó como un estupefaciente. Comprar se volvió adictivo y el consumo pasó a ser algo análogo a una fiesta de cumpleaños masiva con muchos regalos. Era como si nos hubiéramos embarcado inconscientemente en una espiral mortífera, embalados hacia la ruina por la cuesta de bajada de la curva de campana de la Segunda Revolución Industrial, decididos a devorar la enorme riqueza que habíamos generado a lo largo de toda una vida.



  • Estamos en plena cultura del envase. El contrato de matrimonio importa más que el amor, el funeral más que el muerto, la ropa más que el cuerpo y la misa más que Dios.



  • Ésa es la materia de la que están hechos los sueños, y los cuentos de hadas, de una sociedad de consumidores: transformarse en un producto deseable y deseado.



  • ¿Por qué a los seres humanos contemporáneos les fascina comprar y consumir, y sin embargo sienten muy poco apego por lo que compran?



  • El hombre se da a conocer de una forma errónea. Se empeña en identificarse a través de su manera de consumir, de hablar y de aparentar, tal y como una moneda grande se distingue de una pequeña por su sonido.



  • Si algo podemos conseguir con la locura, es iniciar la revolución; el cambio que necesita esta sociedad actual que se esta viendo destruida por el consumismo y la necesidad narcisista de aprobación colectiva.



  • Las ciudades de todo el planeta están llenas de gente que va de un lugar a otro en vuelos baratos para comprar las mismas prendas que a diario puede ver expuestas en los comercios de la calle donde vive.



  • La actitud inherente al consumismo es devorar todo el mundo. El consumidor es eterno niño de pecho que llora reclamando su biberón. Esto es obvio en los fenómenos patológicos, como el alcoholismo y la adicción a las drogas.



  • Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas, y el consumismo es la forma actual del bien máximo. Pero la figura del consumidor satisfecho es ilusoria: el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. Podemos buscar la felicidad en el triunfo, en la fama, en los honores. Pero ¿no es todo eso sino pura vanidad, en definitiva nada o casi nada?



  • La nuestra es una sociedad de consumo: en ella la cultura, al igual que el resto del mundo experimentado por los consumidores, se manifiesta como un depósito de bienes concebidos para el consumo, todos ellos en competencia por la atención insoportablemente fugaz y distraída de los potenciales clientes, empeñándose en captar esa atención más allá del pesta.


  • - En mi adolescencia la música era mi válvula de escape. Era lo único que no te juzgaba, ponías un disco y el disco no te juzgaba por como fueras vestido. Eso me hacía sentir mejor. Sé por qué razón me han elegido a mí, porque es fácil mostrar mi cara en la televisión, porque finalmente soy un símbolo al que hay que temer, porque represento lo que todo el mundo teme, porque siempre digo y hago lo que quiero.Los dos subproductos de toda esa tragedia han sido la violencia en el espectáculo y el control de armas y es curioso que esos fueran los dos temas de los que se van a hablar en las próximas elecciones y de paso también nos olvidamos de Mónica Lewinsky y nos olvidamos del presidente tirando bombas al extranjero; Y sin embargo yo soy el malo, porque canto unas canciones de Rock and Roll. ¿Quién es más influyente el presidente o Marilyn Manson? Me gustaría creer que soy yo, pero yo diría que es el presidente.- ¿Sabías que el día que sucedio lo de Columbine Estados Unidos lanzó más bombas sobre Kosobo que en ningún otro momento de esa guerra?-Sí, ya lo sabía. Y creo que es una tremenda ironía que nadie dijera tal vez el presidente haya incitado a esa conducta violenta, no porque es así como lo quieren los medios y así lo difuden convirtiéndolo en miedo, porque cuando ves televisión, ves las noticias y te bombardean para que tengas miedo, hay inundaciones, hay sida, hay asesinatos, te ponen un anuncio, comprate un Ford, compra Colgate, si tienes mal aliento y nadie hablará contigo, si tienes granos no te tirarás a la chica, y no es más que una campaña de miedo y consumo y creo que ésta es la base de todo este tinglado, mantener a todos con miedo, y que consuman, todo es tan sencillo como eso. No lo dudes.- Si pudieras hablar directamente con los chicos del Columbine o de esa comunidad ¿Qué les dirías si estuvieran aquí?- No les diría una sola palabra, escucharía lo que ellos tienen que decir, que eso es lo que no ha hecho nadie.




  • En una sociedad de consumo, de ofertas, de tentaciones, la idea del saqueo puede transformarse en una gran fiesta.



  • En la sociedad de consumidores nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto, y nadie puede preservar su carácter de sujeto si no se ocupa de resucitar, revivir y realimentar a perpetuidad en sí mismo las cualidades y habilidades que se exigen en todo producto de consumo.



  • Buscamos la felicidad en los bienes externos, en las riquezas; el consumismo es la forma actual del summum bonum. Pero el consumidor nunca está satisfecho, es insaciable y, por tanto, no feliz. La felicidad consiste en el desprendimiento.



  • A la sociedad le interesa que usted consuma y que piense que el consumir le hace feliz.