“Incluso las personas privadas a su debido tiempo, con discreción y temperamento, pueden reprender a otros, a quienes observan cometer pecados, o siguen malos caminos, por designio caritativo, y con la esperanza de recuperarlos.”
“Todo hombre tiene cierta esfera de discreción que tiene derecho a esperar que sus vecinos no infrinjan. Este derecho surge de la propia naturaleza del hombre.”