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Frases de Paulo Freire

Frases de Paulo Freire

Fue un educador y experto en temas de educación, de origen brasileño.

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Aceptar y respetar la diferencia es una de esas virtudes sin las cuales la escucha no se puede dar



Una revolución nace como una entidad social dentro de la sociedad opresora.



No hay denuncia verdadera sin compromiso de transformación, ni compromiso sin acción.



El ser alienado no procura un mundo auténtico. Esto provoca una nostalgia: desea otro país y lamenta haber nacido en el suyo. Tiene vergüenza de su realidad.



Enseñar exige saber escuchar.



Todos nosotros sabemos algo. Todos nosotros ignoramos algo. Por eso, aprendemos siempre.



Nadie educa a nadie —nadie se educa a si mismo—, los hombres se educan entre si con la mediación del mundo



Enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción.



No hay enseñanza sin investigación ni investigación sin enseñanza.



Enseñar exige respeto a la autonomía del ser del educando.



No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión.



Es necesario desarrollar una pedagogía de la pregunta. Siempre estamos escuchando una pedagogía de la respuesta. Los profesores contestan a preguntas que los alumnos no han hecho.



Mi visión de la alfabetización va más allá del ba, be, bi, bo, bu. Porque implica una comprensión crítica de la realidad social, política y económica en la que está el alfabetizado.



El estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas.



Solo educadores autoritarios niegan la solidaridad entre el acto de educar y el acto de ser educados por los educandos.



Alfabetizarse no es aprender a repetir palabras, sino a decir su palabra.



El educador democrático no puede negarse el deber de reforzar, en su práctica docente, la capacidad crítica del educando, su curiosidad, su insumisión.



Cuanto más pienso en la práctica educativa y reconozco la responsabilidad que ella nos exige, más me convenzo de nuestro deber de luchar para que ella sea realmente respetada. Si no somos tratados con dignidad y decencia por la administración privada o pública de la educación, es difícil que se concrete el respeto que como maestros debemos a los educandos.



El gesto del profesor valió más que la propia nota de diez que le dio a mi redacción. El gesto del profesor me daba una confianza aún obviamente desconfiada de que era posible trabajar y producir. De que era posible confiar en mí, pero que sería tan equivocado confiar más allá de los límites como era en ese momento equivocado no confiar.”



En verdad, mi papel como profesor, al enseñar el contenido a o b, no es solamente esforzarme por describir con máxima claridad la sustantividad del contenido para que el alumno lo grabe. Mi papel fundamental, al hablar con claridad sobre el objeto, es incitar al alumno para que él, con los materiales que ofrezco, produzca la comprensión del objeto en lugar de recibirla, integralmente, de mí.”



La educación no cambia al mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo.



Lucho por una educación que nos enseñe a pensar y no por una educación que nos enseñe a obedecer.



La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor.



La Pedagogía del oprimido, deja de ser del oprimido y pasa a ser la pedagogía de los hombres en proceso de permanente liberación.



Su ideal (de los oprimidos) es, realmente, ser hombres, pero para ellos, ser hombres, en la contradicción en que siempre estuvieron y cuya superación no tienen clara, equivale a ser opresores. Estos son sus testimonios de humanidad.



Nadie tiene libertad para ser libre, sino que al no ser libre lucha para conseguir su libertad.



Los oprimidos han de ser el ejemplo de sí mismos, en la lucha por su redención.



En la visión “bancaria” de la educación, el “saber”, el conocimiento, es una donación de aquellos que se juzgan sabios a los que juzgan ignorantes.



La educación, como práctica de la dominación que hemos venido criticando, manteniendo la ingenuidad de los educandos lo que pretende, dentro de su marco ideológico, es indoctrinarlos en el sentido de su acomodación al mundo de la opresión.



La educación se rehace constantemente en la praxis. Para ser, tiene que estar siendo.



La educación verdadera es praxis, reflexión y acción del hombre sobre el mundo para transformarlo.



El sectarismo nada crea porque no ama.



Cuanto más crítico es un grupo humano, tanto más democrático y permeable es.



Nuestra presencia en el mundo, que implica elección y decisión, no es una presencia neutra.



Los niños precisan tener asegurado el derecho de aprender a decidir, cosa que sólo se hace decidiendo.



La educación siempre es una especie de teoría del conocimiento puesta en práctica, es naturalmente política, tiene que ver con la pureza, nunca con el puritanismo, y es, en sí, una experiencia de belleza.



La existencia es vida que se sabe tal, que se reconoce finita, inacabada; que se mueve en el tiempo-espacio sometido a la intervención de lo existente.



Como presencia en la historia y en el mundo, lucho esperanzadamente por los sueños, por la utopía, por la esperanza, con miras a una pedagogía crítica. Y mi lucha no es en vano.



La educación es libertad.



Sólo el poder que surge de la debilidad de los oprimidos será lo suficientemente fuerte como para liberar a todos.



La libertad se adquiere mediante la conquista, no como un regalo. Debe llevarse a cabo constantemente y de manera responsable.



Jaspers dijo: “Soy en la medida en que los demás también lo son”. El hombre no es una isla, es comunicación. Así que hay una estrecha relación entre la comunión y la búsqueda.



Mirar el pasado sólo debe ser un medio para entender con mayor claridad qué y quiénes somos, para poder construir de forma más inteligente el futuro.



El lenguaje nunca es neutral.



La confianza de la gente en los líderes refleja la confianza de los líderes en el pueblo.



No es el no querido quien inicia la desafección, sino el que no puede amar porque sólo se ama a sí mismo.



Los hombres no son formados en el silencio, son formados en la palabra, en el trabajo, en la acción, en la reflexión.



La narración, que tiene como sujeto al maestro, dirige a los alumnos hacia la memorización mecánica del contenido que es narrado… la narración los convierte en recipientes que el maestro debe llenar.



No existe diálogo si no hay humildad, tampoco si no existe una fuerte e inquebrantable fe en los seres humanos.



No existe la vida sin corrección, sin rectificación.



Ninguna persona ignora todo. Nadie lo sabe todo. Todos sabemos algo. Todos ignoramos algo. Por eso aprendemos siempre.



La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra.



Cuanto más somos capaces de volver a ser niños, de mantenernos infantiles, más podemos entender por qué nos encanta el mundo y estamos abiertos a la comprensión, al entendimiento; cuando matamos nuestro niño interior, no estamos más.



Sólo mediante la abolición de la situación de opresión es posible restaurar el amor que esa situación hizo imposible. Si no vivo del mundo, si no amo la vida, si no me gusta la gente, no puedo entrar en el diálogo.



Educar es impregnar de sentido todo lo que hacemos en cada momento.



La sectarización representa un obstáculo para la emancipación de los seres humanos.



Toda relación de dominación, de explotación, de opresión, ya es en sí violencia. No importa que se haga a través de medios drásticos o no.



Mientras los oprimidos sigan sin ser conscientes de las causas de su condición fatalista, aceptan su explotación.



La lectura no es caminar en las palabras; es tomar el alma de ellas.



Los hombres y las mujeres rara vez admiten su miedo a la libertad abiertamente, sin embargo tienden más bien a camuflarlo, al presentarse como defensores de la libertad.