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Frases de Marcel Proust

Frases de Marcel Proust

Fue un novelista, ensayista y crítico francés cuya obra maestra, la novela En busca del tiempo perdido.

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Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices, ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma.



Ciertos recuerdos son como amigos comunes, saben hacer reconciliaciones.



Los recuerdos comunes son a veces los más pacificadores.



El gran talento procede, más que de los elementos intelectuales y de un refinamiento social superior al de los demás, de la facultad de transmitirlos, de invertirlos.



El amor es el espacio y el tiempo medido por el corazón



Los recuerdos comunes son a veces los más pacificadores.



El verdadero viaje del aprendizaje consiste no en buscar nuevos paisajes sino en mirar con nuevos ojos.



Trata de mantener siempre un trozo de cielo azul encima de la cabeza.



No quiero estar libre de peligros, solo quiero valor para afrontarlos.



Solo sanamos de un dolor cuando lo padecemos plenamente.



La felicidad es beneficiosa para el cuerpo, pero el duelo desarrolla los poderes de la mente.



Los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor.



Seamos agradecidos a la gente que nos hace feliz, son los jardineros encantadores que hacen florecer nuestras almas.



Seamos agradecidos con las personas que nos hacen felices; son los jardineros encantadores que hacen florecer nuestras almas.



Si soñar poco es peligroso, la cura no es soñar menos, sino soñar más, soñar todo el tiempo.



Para el beso, la nariz y los ojos están tan mal colocados como mal hechos los labios.



Cada beso llama otro beso. ¡Con qué naturalidad nacen los besos en esos tiempo primeros del amor! Acuden apretándose unos contra otros; y tan difícil sería cortar los besos que se dan en una hora, como las flores de un campo en el mes de mayo.



A cierta edad, un poco por amor propio, otro poco por picardía, las cosas que más deseamos son las que fingimos no desear.



El amor es una enfermedad inevitable, dolorosa y fortuita.



La mentira es esencial para la humanidad. Ellos son quizás tan importante como la búsqueda del placer y, además, son dictadas por esa búsqueda.



Las personas pueden tener diferentes tipos de placer. La verdad es que para los que van a renunciar a los otros.



No hay hombre, por sabio, que no tiene en algún momento de su juventud dicho cosas o vivido de una manera la conciencia de que es tan desagradable para él en la vida posterior que con mucho gusto, si le era posible, borrarlo de su memoria.



Dejemos las mujeres bonitas a los hombres carentes de imaginación.