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Frases de Don Bosco

Frases de Don Bosco

Fue un sacerdote, educador y escritor italiano del siglo XIX. Fundó la Congregación Salesiana, la Asociación de María Auxiliadora.

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Quien tiene paz en su conciencia, lo tiene todo



Humildad, caridad y modestia, no pueden estar separadas la una de la otra.



La muerte no espera a ninguno.



Respeto a todos, miedo a ninguno.



Dios te ve.



El pasado debe ser maestro del futuro.



Todos los ejércitos son inútiles si Dios no los asiste.



Haz el bien mientras aún tengas tiempo.



Perdona todo a otros, pero nada a ti mismo.



Nuestro mayor enemigo es la pereza; combatámosla sin descanso.



No dejes para mañana el bien que puedas hacer hoy. Quizás no haya un mañana.



No hagas nada hoy de lo que te puedas avergonzar mañana.



Tolera las imperfecciones de los demás si quieres que los demás toleren las tuyas.



Sin confianza ni amor, no puede haber una buena educación.



Recuerda, Dios no recompensa los resultados, sino el esfuerzo.



Déjate guiar por la razón y no por la pasión.



El descanso nunca significa pereza.



Una mente holgazana es el juguete del demonio.



Si queréis ser amados, debéis amaros a vosotros mismos.



El niño que no puede tolerar ofensas, que no puede aceptar el castigo de sus padres o superiores, aún está lejos de conocer la virtud.



Mantente lejos de la pereza y de las personas perezosas. Lleva a cabo tus labores, ya que cuando nos dejamos llevar por la pereza estamos en peligro de pecar.



Si tus padres viven en la fe, serán buenos consejeros, porque te conocerán bien, y su consejo será bueno y fiable.



La pereza nos enseña todo tipo de vicios.



El buen cristiano obedece a sus padres, sus maestros y sus superiores, porque en ellos ve a Dios.



Dios a veces castiga a los padres negligentes en esta vida y acorta los días de los niños desobedientes.



En cuanto sientas la tentación, ocúpate con algo. La pereza y la modestia nunca van juntas.



Si superas la pereza, podrás superar las tentaciones contra la pureza.



La pereza es la madre de todos los vicios.



Por desgracia, los padres no son siempre buenos consejeros, ya que no siempre se guían por lo que es mejor para el bienestar espiritual de su hijo.



La experiencia me ha demostrado que el bienestar y la felicidad de una familia solamente están garantizados por la práctica de la religión.



No te precipites juzgando las acciones de otros.



La obediencia no debe tener límites.



¿Deseas que tus compañeros te respeten? Piensa bien sobre todo el mundo y está dispuesto a ayudar a otros. Haz esto y siempre serás feliz.



Uno debe aprender a obedecer antes de poder mandar.



Donde reina la humildad, la Gracia de Dios triunfará.



Sé obediente con tus superiores y sumiso a sus órdenes, ya que son nuestros superiores los que velan por nosotros como si tuvieran que dar explicaciones a Dios sobre el bienestar de nuestras almas.



Hacer lo que se nos dice nos hace virtuosos ante Dios.



La desobediencia es la raíz de todo mal.



Si quieres agradar a Jesús y María, obedece a tu ángel de la guarda.



El señor siempre bendice a los que obedecen sus mandatos.



Señor, déjanos intentar hacer el bien en esta vida y en la otra.



No cedas ni un milímetro de tu autoridad. Ésta debe ser total y absoluta, o no conseguirás nada.



Si alguien quiere ser bueno, debe tener un poco de valentía, estar listo para el sacrificio, ser amable y nunca desagradable.



Si eres humilde y paciente, nuestro Señor Jesús te dará la voluntad y los medios.



Intenta siempre confiar en otras personas. Ten en cuenta, por lo menos, sus buenas intenciones. Nunca reproches un mal ya perdonado.



Haz el bien a todos, y no hagas daño a nadie.



Déjanos servir al Señor con una felicidad bendita.



Sé feliz, pero deja que tu felicidad sea real, que emane de una conciencia sin pecado.



La mejor garantía contra la ira es dejar que pase antes de actuar.



Cuando uno está convencido de que su causa es justa, no temerá a nada.



Sé valiente. No te dejes guiar por lo que piensen o digan otros.



No temo a lo que los hombres puedan hacerme por decir la verdad. Solo temo a lo que Dios me haría si mintiese.



No temáis. Nuestra Señora nos proveerá de todo lo necesario.



Jamás golpees a un niño por ninguna razón.



Recuerda que el conocimiento sin moral es el alma de la perdición.



Nunca eches a los alumnos negligentes de clase. Sé paciente con sus travesuras.



Una manera de adquirir conocimiento es no dejar pasar el tiempo. El tiempo, hijos míos, es preciado. Dedicad al estudio todo el tiempo que se os ha asignado.



Prestad especial atención a los alumnos con más dificultades.



No dejes que el comportamiento de tus alumnos durante el tiempo de recreo afecte a su calificación escolar.



Sufre un poco por Dios de manera voluntaria, ya que Él sufrió mucho por ti.



En 1848 me di cuenta de que si quería llegar a hacer algún bien, debía dejar la política a un lado. Desde entonces he huido de la política y he conseguido hacer el bien sin interferencias.



Un cura católico no tiene principios políticos excepto la Palabra de Dios.



Siempre sé el primero en entrar a clase y el último en salir de ella.



Sin confianza y amor no puede existir una educación verdadera.



El maestro que solamente está en clase es maestro y nada más; pero si pasa el recreo con sus alumnos, se convierte en un hermano.



Comulgar y asistir a misa diariamente son los dos pilares de la educación.



Siempre he procurado iluminar la mente mientras ennoblecía el corazón.



Si la juventud está bien educada, tendremos orden moral. Si no, el vicio y el desorden prevalecerán.



La religión por sí misma puede iniciar y conseguir una educación verdadera.



No seas ni testarudo ni voluble. Siempre he podido comprobar que las personas volubles fracasan en todo lo que hacen.



Solamente un villano trataría a un sacerdote inocente como si fuese un criminal.



Créanme, nadie puede ser completamente feliz en este mundo si no está en paz con Dios.



El verdadero cristiano debe estar dispuesto a sufrir espiritualmente como lo hizo Jesucristo cuando fue traicionado por uno de sus discípulos, negado por otro y abandonado por todos.



La dulzura es la virtud favorita de Jesucristo.



Hijo, si quieres encontrar la paz, primero debes liberar tu corazón del diablo.



Estudia para ser muy rico, pero rico en virtud, porque el mayor de los tesoros es el miedo sagrado a Dios.



Siempre incito a mis alumnos a que utilicen el conocimiento terrenal como el primer peldaño hacia lo divino.



Todo desaparece excepto nuestra gratitud. Recemos por que Dios bendiga abundantemente a aquellos que han sido tan buenos con nosotros.



La paciencia pule muchísimas dificultades.



La Divina Providencia, a su tiempo, defenderá a los inocentes.



La Providencia decidirá el destino de los humanos y hará que los opresores de los débiles paguen por sus pecados siendo oprimidos por otros.



Sé valiente y separa tu corazón de las cosas terrenales.



Haz todo lo que puedas para desterrar la oscuridad de tu mente y entender así lo que la verdadera piedad es.



Purifica tu corazón a través de la confesión, y libéralo de todo aquello que lo haya podido corromper.



Lo principal es que llevemos la carga sobre nuestros hombros. Conforme avancemos, ésta se asentará y se distribuirá uniformemente.



Entre vosotros, jóvenes, es donde me siento bien.



Cuando estoy lejos de vosotros siento que me falta algo.



Sólo puedo ofreceros esto: Pan, trabajo y Paraíso.



Ahora hemos de trabajar, ya descansaremos en el paraíso.



Hemos de hacer buenos cristianos y honrados ciudadanos.



Un pedazo de paraíso lo arregla todo.



Estad siempre unidos al señor.



Dadme almas, lo demás podéis quitármelo.



Un buen consejo lo aceptaría aunque viniera del diablo.



Aquí hacemos consistir la santidad en estar siempre alegres.



Salud, sabiduría, santidad. Las tres “S”.



Nunca hay que decir “no me toca” sino “yo voy”.



Mi sistema se basa en la religión, la razón y el amor.



Al dar cultura y principios, prevenimos a los delincuentes.



No consideres como amigo al que siempre te alaba y no tiene valor para decirte tus defectos.



Ser bueno no significa nunca cometer una falta, sino saber corregir.



Muéstrate siempre alegre, pero que tu sonrisa sea sincera.



Una hora ganada al amanecer es un tesoro invaluable por la tarde.



Ayúdame a salvar muchas almas, pero primero la tuya.



Comprenderás mejor la importancia del bien, si consideras que tu salvación eterna o tu condenación, depende únicamente de ti.



La dulzura en el hablar, en el obrar y en reprender, lo gana todo y a todos.



La mejor obra que se puede hacer en este mundo es atraer las almas perdidas al buen sendero, a la virtud.



¿Quieren hacer una cosa buena? Eduquen a la juventud, ¿Quieren hacer una cosa divina? Eduquen a la juventud. Antes bien, esta, entre las cosas divinas, es divinísima.



Los niños deben educarse con amor, amistad y responsabilidad.



María Auxiliadora es quien lo ha hecho todo.



María es nuestra guía, nuestra maestra, nuestra madre.



Procuren siempre vivir en la amistad de Dios.



Por los jóvenes debemos estar dispuestos a soportar cualquier contra tiempo y fatiga.



Los jóvenes no sólo deben ser amados, deben sentir que se les ama.



Como padres amorosos, corrijamos siempre con amabilidad.



Tristeza y melancolía, fuera de la casa mía.



Siempre se debe preferir el bien general al particular. Nuestro beneficio particular no debe tomarse en cuenta cuando se trata del bien común.



Nada te perturbe, quien tiene a Dios lo tiene todo.



Uno sólo es mi deseo, veros feliz en el tiempo y en la eternidad.



Para ser bueno sólo falta con practicar tres cosas y todo te irá bien, ¿Cuáles son estas tres cosas?: Alegría, estudio y piedad.



La educación y la virgen son las dos columnas que han de sostener nuestras vidas.



Lo que logres de pie, agradécelo de rodillas. Lo que no consigas hablando, hazlo orando.



Proteged a los pobres, si queréis llegar a ser ricos.



De la sana educación de la juventud, depende la felicidad de las naciones.



Para ejercer una influencia benéfica entre los niños, es indispensable participar de sus alegrías.