“La característica más constante de los maestros y de las personas que he conocido es la naturaleza infantil. Se ríen, lloran, centellean y bromean, todo con una espontaneidad nacida de la libertad. Sus rostros son fluidos y reflejan una dulzura atemporal, incluso en la vejez.”
“Soy una especie de adicto al rebote. Entonces. Cuando una relación se vuelve amarga, miro la dulzura de la vida en otros lugares. Entonces, salgo un poco. La mejor catarsis es escribir chistes y contárselo a 4.000 personas.”