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Frases de Ángel Ganivet

Frases de Ángel Ganivet

Fue un escritor y diplomático español. Es considerado por algunos autores un precursor de la generación del 98 y por otros, un miembro de pleno derecho de esta.

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  • Más vale un minuto de vida franca y sincera que cien años de hipocresía.



  • La síntesis espiritual de un pais es su arte.



  • El arte de un príncipe consiste en hacer el bien personalmente y el mal por segunda mano.



  • La sinceridad no obliga a decirlo todo, sino a lo que se diga sea lo que se piense.



  • El arte de vivir consiste en conservar nuestra personalidad sin que la sociedad se incomode.



  • Se dice que el enamorado no ve, porque la pasión le ciega; yo afirmo que los indiferentes son los que no ven, porque les ciega la indiferencia.



  • La furia con que el mundo actual busca el placer prueba que carece de él.



  • Nuestra fuerza esta en nuestro ideal con nuestra pobreza, no en la riqueza sin ideales.



  • Quien vive con más desahogo no es el que tiene más, sino el que administra bien lo mucho o poco que tiene.



  • Los héroes del porvenir triunfarán en secreto, dominando invisiblemente el espíritu y suscitando en cada espíritu un mundo ideal.



  • No hay que desistir de nada, sino que hay que empezar inmediatamente a hacer lo que quiera que sea como si fuese una obra muy larga.



  • El hombre es el más misterioso y el más desconcertante de los objetos descubiertos por la ciencia.



  • El carácter humano es como una balanza: en un platillo está la mesura, y en el otro la audacia. El mesurado tímido y el audaz indiscreto son balanzas con un brazo, trastos inútiles.



  • No hay humillación ni deshonra en el reconocimiento de la superioridad de un adversario.



  • Siempre he temido más al hombre que obra por impulso natural, con los medios que en sí mismo tiene, que al que ejecuta una consigna y se prepara con armas de combate.



  • Que por grandes que sean nuestras esperanzas, nuestra fe en la fuerza inconsciente de las cosas, por tan torcidos caminos marchamos las personas, que cuanto atañe al porvenir se presta ahora menos que nunca a los arranques proféticos.



  • Y parece que estamos condenados a padecer eternamente bajo el poder de los hombres decorativos: era natural que al quedarnos arruinados desapareciera la especie; pero, según hemos visto, no ha hecho más que transformarse: ahora es el que, no pudiendo pasar de aprendiz en ningún oficio, se declara maestro en el arte de gobernar; es el que, demasiado ignorante para desempeñar cargos pequeños, «está indicado por la opinión» para los altos cargos; es el alto funcionario que, con la frente preñada de conceptos brillantes, se encierra en su gabinete para resolverlos «arduos problemas»; y si le vemos por el ojo de la cerradura, está entretenido en hacer pajaritas de papel.